Desde la carretera hacia Quatro Águas se ve una chimenea alta sobre una ruina, en la orilla derecha del Gilão, a un kilómetro de la ciudad, dentro del parque natural. Es la Companhia de Conservas de Peixe "A Tavirense", una de las dos grandes fábricas de conservas que la Primera Guerra Mundial le dio a Tavira. Los accionistas se reunieron a finales de 1915, la fábrica arrancó en junio de 1917, un mes después de Balsense en la orilla opuesta, y en 1923 los propietarios pidieron permiso para poner el escudo de la ciudad en las latas de atún. Cuándo cerró, ninguna fuente lo dice. El terreno sigue siendo de una sociedad con el nombre de la fábrica, que desde 2021 trabaja para convertir la ruina en hotel.
La industria conservera estaba en la lista de deseos de Tavira mucho antes de que se construyera la fábrica. El Dr. António Padinha ya la mencionó en 1911, y en agosto de 1915 el coronel José Vicente Cansado, director de la futura Balsense, se quejaba de que el atún de las armações de Tavira iba a la lonja de Vila Real de Santo António. El pescado estaba aquí, el trabajo en otra parte. En noviembre, A Tavirense convocó a sus accionistas para constituir la sociedad y comprar terreno. La guerra lo impulsó. Según Carlos Faísca, el Algarve tenía en 1917 184 fábricas de conservas con más de 14.500 empleados; el pescado en lata se había convertido en alimento necesario en el frente.
En 1916 y 1917 crecieron dos grandes fábricas con solo el río de por medio, Balsense en la orilla izquierda y Tavirense en la derecha. Balsense se inauguró el 9 de mayo de 1917 con la dirección de Tavirense entre los invitados; la propia Tavirense no arrancó hasta mediados de junio, porque algunos proveedores no habían cumplido sus contratos. Tavira tenía entonces cuatro fábricas de conservas, y Província do Algarve escribió que eso "en pocos años traerá un gran progreso a esta ciudad". La frase la cita Marco Lopes en el catálogo del museo Tavira, Patrimónios do Mar.
El 21 de julio de 1923, Joaquim Barrote Trindade, socio de la firma Palmas e Trindade, que ahora era dueña de la fábrica, escribió al alcalde pidiendo permiso para usar el escudo de la ciudad en algunas de sus marcas. Adjuntaba una prueba de imprenta de la tapa de "Atum em Azeite, 1ª Qualidade", atún en aceite de oliva. Muestra el antiguo escudo de la ciudad con un puente de un solo arco, dos torres y un velero; diez años después el escudo recibió su forma actual, con siete arcos. La carta está en el Arquivo Municipal de Tavira, y la tapa es el único producto de la fábrica que muestran las fuentes.
El atún desapareció. Las capturas cayeron durante la primera mitad del siglo XX, las armações cerraron y las fábricas las siguieron, escribe Jorge Queiroz. Carlos Faísca menciona que la vecina Balsense cerró en 1971 con subvención estatal. El año de cierre de Tavirense no figura en ninguna de las fuentes leídas. El terreno es de Tavipesca, una sociedad con el nombre de la fábrica, que desde 2021 ha solicitado convertir la ruina en un hotel de 45 habitaciones. La aprobación ambiental llegó en 2022, el proyecto de ejecución en octubre de 2024, con la exigencia de asegurar la chimenea. Si las obras han empezado, no consta.
La ruina está al sur de la Estrada das Quatro Águas, 800 metros antes del muelle, en terreno privado dentro del parque natural. Véala desde la carretera o desde el agua, y no entre. La chimenea es lo que hay que buscar; en la otra orilla estaba Balsense. La tapa de lata de 1923 y una foto de la fábrica están reproducidas en el catálogo del museo Tavira, Patrimónios do Mar, disponible gratis en internet.
Tavira tenía el atún, pero no las fábricas. El pescado de las armações de la ciudad se enviaba a Vila Real de Santo António, y eso era lo que Tavirense y Balsense debían cambiar. Se situaron río abajo, hacia la laguna, a un kilómetro del centro, cada una en su orilla. El catálogo de 2008 dice que las dos fábricas cambiaron la imagen de la ciudad. Todavía se ve desde la carretera. El terreno es propiedad privada desde antes de 1865, estableció una sentencia en 2022.
Los edificios son ruinas, y la chimenea es lo único que los papeles mencionan por su nombre. Jorge Queiroz menciona en 2008 ambas fábricas como huellas visibles de la industria pesquera del siglo XX. No se ha encontrado ninguna protección patrimonial. El proyecto del hotel promete reutilizar los edificios sin ampliarlos y contar en el lugar la historia de la industria conservera. Los huecos son grandes: cuántos trabajaron aquí, cuándo se fueron a casa los últimos, y quién era "Fábrica de Conservas Leandro 1906", un nombre que aparece en los papeles del proyecto sin explicación. Se sabe menos de la fábrica de lo que su tamaño sugiere.