



Mire hacia la segunda planta. Los tres arcos de medio punto que dan al río son la única logia renacentista del Algarve, lo último que queda de un palacio urbano de la primera mitad del siglo XVI, y, según todos los indicios, de ellos toma su nombre la casa. El resto es barroco. Hacia 1750, el juez João Leal da Gama Ataíde encargó al maestro de obras Diogo Tavares de Ataíde reformar la casa, y la logia pudo quedarse. Bajo el atrio, los arqueólogos encontraron en 2001 pozos excavados en la roca, interpretados como pozos de culto fenicios del siglo VII a. C. Desde ese mismo año, el palacio es el Museu Municipal de Tavira. Tres historias en una sola casa, y solo las une el estar una encima de otra.
Durante las obras de 2001, el equipo de Maria Maia excavó y encontró un gran número de pozos abiertos en la roca. La cerámica que contienen es fenicia, de la segunda mitad del siglo VII a. C. Maia interpretó los pozos como tumbas, luego sacralizadas y usadas como pozos de ofrendas, bothroi, en un santuario de Baal, protector de la navegación. Es una hipótesis; Covaneiro y Cavaco escribieron en 2017 que las excavaciones no permiten confirmarla. Lo seguro es que alguien abrió aquí muchos agujeros en la roca hace 2700 años, y que el museo los llama pozos de culto sin reservas.
La fábrica visible más antigua es un portal gótico del siglo XV en el edificio vecino. El palacio en sí es de la primera mitad del siglo XVI, y de él queda la logia: tres arcos de medio punto en la segunda planta, mirando al río. Los capiteles se parecen a los de la Igreja da Misericórdia y por eso se atribuyen al taller de André Pilarte, los canteros de la ciudad a mediados del siglo XVI. Que la casa se llame Galeria por la logia es la explicación habitual; ninguna fuente del siglo XVI lo dice.
En 1737 la casa acabó en manos del Hospital do Espírito Santo, que la arrendó al comandante militar de la ciudad, el brigadier Francisco Pereira da Silva Pacheco. Antes de 1753 la compró el juez João Leal da Gama Ataíde, que puso a Diogo Tavares de Ataíde a reformarla. Su fachada es la que se ve: el portal de dintel recto en sillería con casetones, la ventana de encima con frontón curvo partido y dos escudos de armas, y, en la parte trasera, azulejos barrocos. Lo raro son los tejados: muchos pequeños tejados a cuatro aguas, uno sobre cada habitación, tres sobre la logia.
Muerta la hija del juez, el palacio se deterioró, y en 1863 el hospital lo vendió al ayuntamiento por 471.675 réis, para tribunal y oficina de hacienda. Después fue escuela, y en 1997 una parte era almacén. Ese mismo año el arquitecto José Lamas dibujó la reforma. Un punto del plan fue rechazado: el depósito de agua del jardín, de 1930, debía desaparecer, pero la ciudad dijo no en un referéndum en junio de 1999. El museo abrió en octubre de 2001, y en 2013 el palacio pasó a ser Monumento de Interesse Público.
Entrada por la Calçada da Galeria. Abierto de martes a sábado de 10 a 13 y de 14 a 16.30, cerrado domingos, lunes y festivos; consulte la web del museo, los horarios cambian. Fíjese en los capiteles de la logia, los azulejos de la fachada trasera y los muchos tejados pequeños. Los pozos están bajo el atrio; pregunte al personal si se pueden ver.
La colina de Santa Maria es uno de los lugares poblados más antiguos del Algarve. En el jardín de detrás del palacio se han encontrado restos del Bronce Final, poblamiento del siglo VIII al IV a. C. y estructuras excavadas en la roca parecidas a los pozos bajo el atrio. Maia supone que el propio templo de Baal estaba donde hoy está la Igreja de Santa Maria, pero eso no se ha excavado. El palacio está a media ladera en la cara norte de la colina, con la fachada hacia la ciudad y el río. Se construye donde otros construyeron antes.
La casa se lee mejor por capas. Un portal gótico, una logia renacentista, una fachada barroca de hacia 1750, un depósito de agua de 1930 y una reforma de 2001, con pozos fenicios en el fondo. Nada está entero, y el barroco se ha comido casi todo el siglo XVI. Lo más elocuente es el referéndum de 1999: el arquitecto quería quitar el depósito de agua, y la ciudad votó por conservarlo. El museo de Tavira está en una casa donde hasta la capa menos bonita pudo quedarse.