Sobre la puerta cabalga Santiago con la espada en alto, un medallón de estuco del siglo XVIII. Es lo único ostentoso de una iglesia que, por lo demás, es tan sencilla como la falta de dinero puede hacerla. Está a pocos pasos por debajo de Santa Maria do Castelo, dentro de la muralla, y fue iglesia parroquial de la parroquia de Santiago desde el siglo XIII. El terremoto de 1755 la hizo pedazos, y la reconstrucción se alargó tanto que en 1763 el rey destinó las rentas de las cofradías a las obras. Dentro cuelgan retablos y pinturas, traídos de iglesias de la ciudad ya desaparecidas, y un órgano del mismo siglo. De aquí parte también el camino de peregrinación portugués oriental hacia Santiago.
La tradición en Tavira dice que Santiago se asienta sobre la "mesquita menor" de la ciudad, la mezquita pequeña, mientras que Santa Maria, arriba en la colina, se quedó con la grande. El ayuntamiento se limita a decir que la iglesia "muy probablemente" reaprovechó un edificio de época musulmana. Nadie ha excavado, y nada se ha encontrado. Sandra Cavaco, que ha escrito sobre la Tavira islámica, duda de que la ciudad tuviera dos mezquitas; quizá hubo aquí una zāwiya, un pequeño oratorio. Lo seguro es que la iglesia se levantó en la segunda mitad del siglo XIII con una sola nave y cabecera rectangular, y que Afonso III la donó en 1270 al obispo de Silves, D. Bartolomeu.
Vasconcelos escribe que la primera iglesia se derrumbó, quizá por un terremoto, mucho antes de 1755; no se puede comprobar. El terremoto de 1755 está bien documentado. Golpeó con fuerza la iglesia, la parroquia no tenía dinero, y la reconstrucción se alargó durante años, hasta que D. José I dispuso en 1763 que las rentas de las cofradías con sede en la iglesia se destinaran a las obras. El resultado es la iglesia que se ve: una sola nave, cabecera rectangular, dos capillas y campanario al norte, cada uno con una pequeña cúpula y una linterna ciega. La guía de iglesias del ayuntamiento califica la arquitectura de "muy sencilla" y lo explica por la falta de dinero.
El medallón sobre el portal es del siglo XVIII: Santiago como guerrero a caballo, "Santiago mata-mouros", el matamoros, según la leyenda de que se apareció en una batalla durante la Reconquista. Que la batalla fuera en Tavira no lo dice ninguna de las fuentes del ayuntamiento. Dentro hay ocho capillas decoradas, retablos tallados y pinturas, una parte traída de iglesias de la ciudad desaparecidas desde entonces, y los Painéis de Tavira de los siglos XV y XVI. El órgano se atribuye a Joaquim António Peres Fontanes, de Lisboa, siglo XVIII, y fue restaurado en 2000. La iglesia no está protegida como monumento, cosa rara con lo que guarda dentro.
La iglesia está en la Rua D. Paio Peres Correia, justo debajo de Santa Maria do Castelo, así que visite las dos juntas. La asociación Artgilão, que recibe a los visitantes, indicaba en 2024 apertura los días laborables de 10 a 13 y de 14 a 17, entrada 4 euros o un "pasaporte" para tres o cinco iglesias de la ciudad (9 y 12 euros); compruébelo antes de ir. Fíjese en las urnas de las esquinas de la fachada y en las pequeñas cúpulas de capillas y torre, y dé la vuelta hasta el lado norte, donde la iglesia queda medio enterrada en la ladera. De aquí sale el Caminho Nascente, el camino de peregrinación portugués oriental, 663 km en 30 etapas hasta Trancoso.
Tavira tuvo dos iglesias parroquiales dentro de las murallas justo después de la conquista: Santa Maria en lo alto de la colina, donde estaba la mezquita, y Santiago pocos pasos más abajo. La tradición da a Santa Maria la mezquita grande y a Santiago la pequeña, pero nadie ha encontrado una piedra que lo demuestre. Más segura es la relación de poder. La Orden de Santiago tenía el patronato de las iglesias de Tavira, pero Afonso III dio precisamente esta al obispo de Silves en 1270, y ahí se quedó. Hasta el siglo XV, la parroquia llegaba hasta Moncarapacho. En 2013 se fusionó con Santa Maria, de modo que las dos viejas parroquias vecinas son hoy una sola.
Lo que hoy está en pie es una iglesia construida por una parroquia sin dinero. La propia guía del ayuntamiento lo dice: la arquitectura es muy sencilla, y se debe a la falta de dinero después de 1755. Sin protección, sin estatus especial. Aun así vale la pena entrar. Ocho capillas con retablos, pinturas de iglesias de la ciudad que ya no existen, los Painéis de Tavira de los siglos XV y XVI y un órgano del siglo XVIII, restaurado en 2000. Sobre la puerta cabalga Santiago como guerrero; el ayuntamiento deja que la leyenda valga como "una batalla durante la Reconquista" sin atarla a Tavira, y hace bien.