Una pequeña capilla en una plaza al sur del río, algo apartada del centro, frente a la antigua cárcel que hoy es biblioteca. Por fuera, un hastial de líneas curvas y un portal con frontón curvo. Dentro cuelgan diez lienzos sobre la vida de São Sebastião, pintados en 1759 por Diogo de Mangino, de Sevilla. El historiador Daniel Santana llama a la serie el relato pictórico más completo sobre el santo en el arte portugués. La capilla se construyó contra la peste; São Sebastião era el santo al que se invocaba contra las epidemias. El edificio es de 1745, el lugar es más antiguo y se menciona en 1548. Hoy es espacio museístico y sala de conciertos, y la puerta solo se abre cuando hay algo en el programa.
São Sebastião era el santo al que se invocaba contra las epidemias, y la capilla fue suya desde el principio. Cuándo fue eso, nadie lo sabe. El ayuntamiento escribe siglo XV con interrogante, el SIPA siglo XVII, con la sacristía como posible resto de una capilla anterior. Turismo de Tavira cita una mención de 1548; el plano de Ferrari, de hacia 1655, ya la incluye. En 1682 tenía una cofradía formada sobre todo por oficiales del concejo. La capilla de la ciudad, no de la parroquia.
Hacia 1700 los muros de piedra y barro estaban en parte en ruina. En 1723 João V asignó 10$500 réis de las rentas del municipio. No dio para mucho. El 28 de abril de 1745 el concejo sacó la obra a subasta; los maestros albañiles Diogo Tavares de Ataíde y Manuel Aleixo se la quedaron por 600$000 réis, el carpintero Jacinto Pacheco la carpintería por 580$000. Los muros se derribaron y se levantaron de nuevo, más recios. Hastial, portal y bóvedas encajan con el estilo de Ataíde, y la traza es probablemente suya.
En 1759 el pintor Diogo de Mangino se obligó ante la cofradía a pintar la capilla mayor: diez lienzos con la vida de São Sebastião, mármol fingido en las paredes y el estofado de dos ángeles sobre el arco triunfal. Era sevillano, establecido en Tavira después de 1754. La última imagen es el santo tras el martirio, con palma y corona de flores. Daniel Santana la llama, en la guía de visita de 2008, "la recreación pictórica más completa de la vida de São Sebastião en el arte portugués". En la nave cuelgan escenas de la vida de María. El ayuntamiento lo llama obra de arte total. Palabra grande para un espacio tan pequeño, pero dentro se entiende.
Tras el terremoto de 1755 el gobernador del Algarve se trasladó a Tavira, y desde 1756 la capilla perteneció a su palacio. Quizá por eso la procesión iba el 19 de enero a Santa Maria y volvía el 20 con los oficiales de la guarnición y la música del regimiento, hasta bien entrado el siglo XX. El ayuntamiento compró el edificio en 1936; en 1993 estaba cerrado y deteriorado. Restaurado por fases desde 2000, se reinauguró el 25 de abril de 2008 como espacio museístico y sala de conciertos.
La capilla solo abre en actos: el ciclo de conciertos Música nas Igrejas y las visitas guiadas del museo, la última en 2024, agotada de antemano. La dirección es Largo dos Mártires da Pátria, frente a la Biblioteca Álvaro de Campos. Hastial, portal y cúpula se ven desde fuera. Si consigue entrar, suba a la capilla mayor hasta los diez lienzos y busque los ángeles sobre el arco triunfal; la sacristía tiene paneles de azulejos y una cómoda del siglo XVII.
La capilla está al sur del Gilão, en el antiguo Campo da Atalaia, algo apartada del centro. La DGPC fecha el origen en la Baja Edad Media, una época de grandes epidemias, y São Sebastião era el santo al que se rezaba contra el contagio. El historiador Santos describió en 2018 São Sebastião, São Roque y São Lázaro como un cordón simbólico en torno a Tavira, tres capillas con santos que protegen todos contra la peste. Es una lectura actual, pero encaja con que fueran los propios hombres del concejo quienes mantenían la capilla y pedían dinero al rey para ella.
Casi todo. La protección de 1977 abarcaba expresamente la capilla "con todo su contenido", y el contenido es la clave: los diez lienzos de Mangino en la capilla mayor, las escenas de María en la nave, el mármol fingido, los ángeles, los azulejos y la cómoda de la sacristía. El edificio es de 1745, con un posible resto más antiguo en la sacristía. Tras el robo de 2005, algunas piezas cuelgan como reproducciones. El museo ha dejado fuera vitrinas y carteles; se recibe una guía de visita y se ve el espacio tal como se concibió. La decisión correcta para un espacio que es en sí la exposición.